EL EQUIPO DE EDICIÓN SE ENCUENTRA TRABAJANDO EN LA TAPA DE “CRÓNICAS DE UNA REALIDAD EN JAQUE”:

¡QUÉ ANSIEDAD!!!

Prólogo de mi nuevo Libro de Cuentos Fantásticos
(en edición)

Digan lo que digan, jamás la humanidad ha enfrentado un momento como este, en el que la única certeza que nos queda es la incertidumbre.

La tecnología nos arrolla con un vértigo implacable, sin concedernos siquiera el respiro necesario para ensayar una mínima reflexión.

Y sin embargo, por más asombrosos que parezcan estos avances, seguimos sin poder responder a los misterios ancestrales más básicos. ¿Fuimos creados por algo o alguien, o somos apenas el insólito fruto del maridaje entre un cúmulo de casualidades y el paso del tiempo? Y si ese “algo” o “alguien” existiera, ¿nos concibió con algún propósito? ¿Qué somos, en verdad?

Con Newton y Einstein creímos, por fin, haber comprendido algo. Pero la física cuántica y el telescopio James Webb terminaron por pulverizar las pocas bases “ciertas” que creíamos tener. La debacle de la certidumbre no se detuvo allí: cuando las inteligencias artificiales comenzaron a replicar el funcionamiento de nuestras redes neuronales, la realidad misma se volvió irreconocible.

Entonces cabe preguntarse: si la simulación se vuelve indistinguible de la “realidad real”… ¿muere la realidad?

A esta altura, ya no nos parece tan delirante pensar que habitamos una simulación urdida por ese algo o alguien. Y no se trata de un juego tautológico: cada vez resulta más urgente discernir de qué tipo de realidad estamos hablando, porque podríamos perder, en cualquier momento, la capacidad de diferenciarlas. Y con ello —como ya advertimos antes— podríamos estar asesinando el último resquicio que queda de nuestra realidad.

En una sociedad que ya no puede acostumbrarse a estar acostumbrada, y donde lo nuevo nace viejo, las personas deambulan como zombis, abducidas por el implante externo permanente que llaman “celular”, intentando en vano saciar la penosa adicción al irresistible cóctel dopamínico que ofrecen sus pantallas.

Pero estos tiempos de control algorítmico no tienen nada de casual. Desde que el hombre es hombre, siempre existieron vocaciones totalitarias de dominio y control social total. Pero ahora ya no hacen falta espadas ni balas, sino “inofensivos” clics.

Y al que crea que exagero, que intente alejarse por un tiempo de su implante, y me cuente luego sobre la programada inseguridad y desamparo que sufrió durante ese aislamiento “voluntario”.

¿Acaso alguien nos pidió permiso para implantarnos algo semejante en forma ¡permanente!? ¿Acaso alguien nos avisó que íbamos a perder nuestra intimidad, nuestra libertad y muchas de nuestros derechos fundamentales?

Nunca antes estuvimos tan intercomunicados, pero tan aislados de nuestro entorno real. En un mundo hiperconectado, ¿la nueva pandemia será la soledad?

Y en medio de esta impronta totalitaria y pseudodistópica aparece, imparable, el tsunami de los Caballos de Troya Modernos más sofisticados jamás concebidos: las inteligencias artificiales, que no solo amenazan con cambiarlo todo, sino también con comprometer la subsistencia misma de nuestra especie.

La gente permanece fascinada, atónita y aterrada, mientras advierte cómo los inmensos egos tecnocráticos compiten por crear nuevos dioses todopoderosos, sabiendo que no podrán controlarlos —ni siquiera entenderlos— en un juego tan irresponsable como probablemente suicida.

Y entonces me pregunto: ¿Es propio de una especie inteligente crear una inteligencia no humana más potente y rápida, que muy probablemente se escape de nuestro control y que quizá ni siquiera podremos comprender?

Digan lo que también digan, jamás la humanidad ha enfrentado un momento como este, en donde la velocidad de los cambios no es asimilable al “chip” humano, y en donde nuestras creaciones tendrán autonomía para tomar decisiones, creando cosas nuevas, inimaginables y fuera de nuestro control.

Quizá lo que venga sea mejor que lo que tuvimos, o quizá sea nuestro fin. En el medio, hay variantes impredecibles e infinitas. Nadie puede saberlo. Pero lo que sí es seguro es que será diferente. Muy diferente. Sustancialmente diferente.

Nunca antes la realidad real nos había competido así a los escritores de literatura fantástica. Todo es misterio, todo es “realmente” posible, nadie sabe demasiado. Hemos perdido nuestra capacidad de asombro. Son instantes de expectación esquizofrénica, en los que solo sabemos que está por ocurrir algo radicalmente disruptivo. Y por pura intuición, ese “algo” nos acerca a nuestros interrogantes ancestrales.

Y este es el inquietante umbral en el que escribo estos cuentos… ¿fantásticos?

¿Estás preparado para algo así?

No tengan dudas: hoy leer un libro es un acto de rebeldía que desafía los mandatos de control que impone la postmodernidad, en la que nos prefieren como marionetas atontadas y controladas por sus luces irresistibles.

En este desconcertante contexto, mantener el pensamiento crítico es esencial. Y para lograrlo, amigos, es indispensable ser rebelde y leer más allá de un hook.

                                                                                                                             Gonzalo Guma

Se está trabajando en la tapa de CRONICAS DE UNA REALIDAD EN JAQUE.